Oh Virgen Inmaculada María,
Madre de la Divina Providencia,
toma posesión de mi alma
con toda la plenitud
de tu favor y protección.
Gobierna mi vida y dirígela
por el camino de la virtud
hacia el cumplimiento de la voluntad divina.
Obtén para mí el perdón de mis pecados;
sé mi refugio, mi protección, mi defensa,
mi guía en el peregrinaje de esta vida;
consuélame en las aflicciones,
susténtame en los peligros,
y en las tormentas de la adversidad
otórgame la seguridad de tu custodia.
Amén.
Madre de la Divina Providencia,
toma posesión de mi alma
con toda la plenitud
de tu favor y protección.
Gobierna mi vida y dirígela
por el camino de la virtud
hacia el cumplimiento de la voluntad divina.
Obtén para mí el perdón de mis pecados;
sé mi refugio, mi protección, mi defensa,
mi guía en el peregrinaje de esta vida;
consuélame en las aflicciones,
susténtame en los peligros,
y en las tormentas de la adversidad
otórgame la seguridad de tu custodia.
Amén.
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